Un dominicano en Arabia

Un dominicano en Arabia

Con mis pies en las cristalinas y cálidas aguas del mar Rojo y la vista puesta en el horizonte, medito sobre la belleza de la creación, la fragilidad de la existencia, los milenios de historia que me rodean, la abismal diferencia cultural que nos separa, lo pequeño del planeta y la grandiosidad del Todopoderoso. Quien al otro lado, en la costa Egipcia de este hermoso mar de impresionantes corales, hizo que sus aguas se separasen para permitir el paso de Moises con todo el pueblo judío a su salida de Egipto. Aqui estoy disfrutando una vez mas, de un atardecer majestuoso en la calurosa Jeddah, Arabia Saudita. Es en esta ciudad donde según la mitología Árabe descansan los restos de Eva, la del paraíso, si esa misma, la mujer de Adán, de ahí el nombre de la ciudad, Jeddah, que significa abuela. Considerada esta una de las 100 ciudades mas pobladas del mundo.

Es Jeddah una ciudad puerto, donde como en toda Arabia se mantiene una constante construcción, creciendo mucho esta la nación en infraestructura aunque de forma caótica, no existe un punto donde se dirija la mirada que no este alguna construcción teniendo efecto, ni en el mar Rojo, ya que hasta ahí están dragando en la orilla y por igual en el hospital, es la de nunca acabar. 

Por primera vez en mi largo peregrinaje por el planeta resido en un país tan materialmente rico, pero a su vez tan cultural, educacional y por ende intelectualmente pobre. Existen unos contrastes que rosan lo ridículo, esto así, puesto que te encuentras las extravagancias del nuevo rico: inmensos edificios, mármol por doquier, amplias avenidas, vehículos de lujo, villas de impresionante mal gusto. Pero a su vez tienes en la ciudad, las aceras con arboles de pequeño tamaño, pero de frondoso espesor, los que no te permiten caminar sin tener múltiples encontronazos con su follaje y la basura abunda por todo el lugar, esto en contraste con los relucientes malls. 

Los vehículos de alta cilindrada y costo, transitando en una caótica vía publica disputando los centímetros de asfalto para con ello un alto índice de accidentes; los despampanantes palacios en las alturas y las humildes tiendas beduinas del desierto, los servicios sanitarios publico asquerosos y la suite del rey en el hospital con tres duchas y demás extravagancias. El majestuoso y rimbombante inmobiliario de los diversos palacios contrasta, con las alfombras de las tiendas de campanas de los beduinos o sobre las que comparten familias y amigos en las aceras en una tarde cualquiera. Dicho ha de ser el que la mayoría de los árabes, comen, duerme y se divierten en el suelo. Y es que en realidad ha salio este pueblo del desierto, de ser beduinos, nómadas, organizados en tribus, ha dado un gigantesco salto a la opulencia repentina de quien se gana la loteria. Mucho se comento la actuación del hijo de un magnate que en una noche de diversión en Dubai, se encapricho con la cantante y termino arrojando sobre su cabeza un millón y medio de dolares en billetes.

De igual forma, no deja de ser decepcionante el comprobar como aun existiendo diversos sistemas de salud con ilimitados recursos, divididos, como todo, en pequeñas parcelas de poder entre los miembros de la numerosa familia real, no disfrute el ciudadano de una mejor salud. 

Y es que no existe ningún tipo de interrelación entre las entidades llamadas a proporcionar los servicios de salud necesarios, pero además tampoco comparten actividades programáticas y mucho menos visión, al punto que, si tienes un enfermo que tiene cobertura en el sistema de la Guardia Nacional, como su nombre lo dice una entidad militar, ese enfermo no es elegible en los hospitales del sistema militar, de igual forma si el hospital pertenece al Ministerio de Salud, lo dicho, parcelas de poder. 

Lo lamentable es el que existiendo los citados sistemas de salud paralelos, con la consiguiente duplicación de esfuerzos y recursos, la población carece, en su mayoría, de una buena salud, educación en salud y que decir del concepto de medicina comunitaria, la también preventiva, aquella que cuesta menos y logra mas; la que brilla por su ausencia, por ende, entre otras cosas, las normas de higiene no se observan. 

La dentadura de los nacionales, en un 95%, sin exagerar, dan pena, son intolerables y nauseabundos los olores que de ellas emanan por estos lares y si a esto le sumas los estiércoles olores corporales, tienes la combinación perfecta para mantener una disipante distancia para evitar la nausea. Eso no hay quien lo aguante, no es verdad que te acostumbras. Si me vieran mandando mis enfermos a la ducha se morirían de la risa. 

Otro de los tantos elementos que se deben destacar es la voluntad para el trabajo de la ciudadanía. No les auguro un buen porvenir, con lo que se ha dado por llamar: la Sauditacion de la fuerza laboral, por ejemplo, me dice el jefe de informática del hospital, que han comprado el equipo mas moderno que existe para el manejo de historias medicas y demás temas administrativos hospitalarios; pero que resulta, que hace un ano y medio que al existente sistema no se le actualiza la información, puesto que los nacionales contratados, no dan pie con bola, pero tampoco les interesa aprender y el trabajar mucho menos. La gente no quiere trabajar, y tanto que me quejo yo de los míos. La apatía al trabajo es motivada desde palacio, ya que aun sin trabajar el reinado les asigna un sueldo, les da casa, salud y educación y hasta le prestan dinero sin ningún tipo de interés. 

Cono, perdonando la expresión, hay que ver como hasta aquí, un país tercermundista como el nuestro, son ellos primero en todo, pero marcadamente, al punto de que si no eres de aquí, no tienes derecho a comprar propiedad alguna. Señor ten piedad de mi adorada isla vendida desde siempre a cambio de sueños y espejos. 

Tengo tanto que contar pero el tiempo me es escaso. He siempre visualizado el final de mi existencia, un tanto aislado en mi terruño por supuesto, compartiendo con palabras lo vivido en este, mi proyecto de vida. Pero nada, lo mismo en unas vacaciones que deseo cercanas, puesto que así como ellos no trabajan, a la importada fuerza productiva nos sacan el jugo.

Por. Victor Garrido Peralta

Arabia Saudita.

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