Un dominicano en Arabia

Ayer salí de nuevo del recinto militar hospitalario donde resido y trabajo, a caminar con un colega cirujano británico de origen egipcio, con quien, desde mi arribo, he mantenido una cordial y productiva relación. Es Magdy un corpulento hombre con unas 250 libras de peso, seis pies de estatura, copiosa barba gris, y una agudeza intelectual impresionante. Nuestro destino el Hotel Ramada donde cenaríamos.

Para ello, tomamos la carretera principal que pasa frente al hospital. Al deambular por esta en dirección oeste a unos cien metros de nuestra entrada nos llamo la atención un edificio de dos niveles en mármol blanco, donde nuestra inagotable curiosidad nos llevo. En la recepción se encontraba un hombre de apariencia hindú, quien al indentificarnos mando llamar al gerente quien es carinosamente llamado Safe, este resulto ser sobrino de uno de los dueños. Safe es un joven delgado, de mediana estatura, árabe, nacido en USA, quien se nos acerco a nosotros desde el área de recreación común, TV, billar, sillones y otras formas de entretenimiento con tres pequenos. Dato curioso, he notado en este y otros lugares el que los árabes fabrican sus sofás con una mayor longitud en su parte horizontal, no por ser estos extremadamente altos, aunque los hay, sino para que el ocupante pueda descalzarse y subir tus pies.

Con su perfecto Ingles el gerente nos sirvió de guía y relaciones publicas.

El diseño arquitectónico de la edificación resulta agradable a la vista, además de acogedor; con doce anos de construido y bastante bien mantenido, considerando el que esta practica no forma parte aun del quehacer local. Por ejemplo, compras un carro nuevo lo usan poniendo solo gasolina hasta que no va mas, entonces compran otro y se acabo.
Los balcones ovales y abiertos daban una sensación de amplitud, orientados todos en diferentes ángulos de tal forma que ofrecen la tan celosamente guardada privacidad que tan atesorada es por estas tierras.

Resulta a ser el que este edificio pasa la mayor parte del ano cerrado, ya que sus apartamentos se alquilan solo durante los meses de verano e invierno para corta estancia, que va desde un día, hasta semanas. Consta el mismo de apartamentos tipo estudios y otros hasta de tres habitaciones, amueblados de un todo. Cocina y sala súper amplia con lava platos, frigorífico y demás utensilios, baño pequeño, habitación principal sin armario, bastante amplia también, eso si, los materiales de construcción de primera. Hablamos con el arquitecto, quien allí se encontraba pasando el día, quien a su vez es hermano de uno de sus propietarios, hombre de refinados modales e internacional cultura, vestido con su tradicional camisón blanco pero con la cabeza al descubierto. Terminamos sugiriendo el que se pusiesen en contacto con la administración del hospital a fin de que le dieran mayor utilidad al lugar. Luego de una agradable conversación y exploración del lugar retomamos nuestro camino. Se que esta breve descripción del lugar y las personas con las que conversamos les servirá para conocer el estilo de vida árabe.

De nuevo en la vía principal después de ser despedidos en la puerta por nuestros nuevos conocidos. La carretera de 4 carriles en ambas direcciones y acera amplia con plantas en el centro de poco mantenimiento; en la que encontramos todo tipo de tiendas de alimentación, restaurantes, panaderías, pequeños supermercados, tiendas de venta de frutas y ensaladas, tarantines que al fuego de lena preparan y venden café árabe, te caliente que nunca falta. También Mazorcas de maíz azadas y comensales que abren sus alfombras en las aceras y con sus familias o amigos se sientan a disfrutar de alguna comida o simplemente a fumar sus pipas de tabaco y aromáticas mezclas. Al pasar en frente de uno de estos grupos es costumbre el saludar y de inmediato te invitan a compartir lo que allí tienen, para lo que te descalzas y te sientas en el suelo a compartir con tus anfitriones, si aceptas todas las invitaciones jamas llegas a tu destino.
Tiene esta costumbre su su origen en la vida del desierto, donde no existe vida humana en largas distancias, de tal forma que al encontrarte con alguna tienda de campana, es de costumbre el compartir lo que tienes.
Viví este tipo de camaradería en mis tiempos de residencia Europea, con los marineros turísticos, que al llegar a puerto los ya atracados te reciben amarras, comparten su comida, bebida y experiencias de travesía, como toda una gran familia que no entiende de fronteras.

He de destacar el que cada grupo o pareja mantiene en las aceras una cómoda distancia el uno del otro a fin de no importunar a los demás, no música, los vehículos parados enfrente y a sus espaldas el desierto, donde pude observar familias disfrutando su día de absuelto montando camello unos, otros caballo y algunos 4 wheels. En la avenida uno que otro joven en motor de alta cilindrada o vehículos de donde emanaba música autóctona a inusuales decibelios, literalmente dos vehículos pasaron de estas características.
Al caminar por este lugar vino a mi memoria el malecón de mis lejanos días en la isla. En lugar del hermoso mar Caribe, estaba el majestuoso desierto, en lugar de los asientos de cemento, estaban las alfombras para sentarse en el pavimento; con la diferencia de que no oí música, ni había aquí alcohol, las señoras con sus abayas negros todos disfrutando de ese simple y natural momento.

Por. Victor Garrido Peralta
Arabia Saudita.

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2 respuestas a Un dominicano en Arabia

  1. jassengel dijo:

    !!!!! 🙂

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  2. jassengel dijo:

    Reblogged this on Jasser Álvarez.

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