Bravo, en Madrid

Bravo, en Madrid
Por Víctor Garrido Peralta.
 
 
Nuestra tan preciada isla del Caribe desempeño un muy digno papel en la recién finalizada actividad cultural desarrollada por el país en Casa de América de esa siempre esplendorosa capital europea, Madrid.
 
En una visita relámpago que tuve que realizar a España después de un año de ausencia, me encuentro con una pequeña reseña en las páginas del periódico ABC, donde se invitaba a los madrileños a una actividad cultural dominicana en Casa de América.  No puedo negar que me fue de una inmensa satisfacción encontrar la citada reseña y como era de esperarse, acudí a cuanta actividad me fue posible.
 
He de manifestar mi más cálida enhorabuena a las instituciones tanto públicas como privadas que organizaron este evento, entre varias razones por el enfoque que al mismo se le dio, ya que dio a conocer a la comunidad de Madrid una República Dominicana en su cultura, que va más allá de hermosas playas naturales, un envidiable clima de sol brillante la mayor parte del año y una música contagiosa, como fue tradicionalmente ofertada en el área turística la isla.  Esto en los pocos países donde se ha realizado alguna labor de proyección.  Señores y es que nuestra pequeña isla tiene mucho más y así quedó demostrado en las presentaciones artísticas de la danza, la música y la pintura que tan fantástica acogida recibió, como también las charlas y coloquios que sobre lo criollo versó.  Constituyendo un primer paso en la diversificación de nuestra oferta turística, que necesita crecer más en sol y playa y fomentar el turismo cultural, natural y deportivo.
 
Es perentorio el que actividades de esta índole continúen desarrollándose para lograr atraer a esos visitantes en potencia, que la inestabilidad creada por el integrismo islámico en países como Egipto o Turquía, así como los problemas del resto del norte de África, no les permite pensar en esa zona geográfica como su próximo destino turístico.  Si a esto, además, le sumamos la guerra de los Balcanes que se había convertido en un destino muy popular por su calidad y bajos precios, y la inseguridad ciudadana en Miami y Puerto Rico, podemos concluir que ha sido, aún sigue siendo, el tiempo para trabajar los países donde queremos y necesitamos vender nuestros polos turísticos y con ello atraer cada vez más visitantes, así como capital extranjero.  Pero sin lugar a dudas que con la práctica, sin lo que lo teórico es muy poco, y el apoyo mancomunado de todos, lograremos ejecutar estos trabajos con una mayor y mejor coordinación entre las instituciones responsables de crear, promocionar y organizar dichos eventos, para de esta forma obtener la mayor cantidad de todo tipo de recursos y a la vez poder darles una técnica utilización, que permita entre otras cosas, una más amplia publicidad en tiempo y en medios, así como una mayor delegación a exponer lo dominicano.
 
Pero todo este esfuerzo (que quiera Dios continué realizándose) será en vano, si no hay una eficaz fiscalización y organización en lo interno.  Y digo fiscalizar pues en diez años que llevo residiendo en Europa he retornado en incontables ocasiones en plan de turista, esto debido a que esos regresos han sido realizados por el procedimiento de todo incluido (billete de avión, alojamiento, comida, transporte terrestre) lo que me ha permitido palpar la carencia de control nacional en el trabajo que extranjeros realizan con nuestros turistas.  Empezaré por citar el inconveniente precio, la República Dominicana ha comenzado a ser más cara para un europeo que cualquier otro destino en el Caribe como podría ser Costa Rica, Méjico o Cuba.  Esta última, sólo en 1993 aumentó sus ingresos pertenecientes al renglón turístico en un 30%, esperando para el 1996 superar los ingresos correspondientes a los de la caña de azúcar, planteándose incluso la creación de un Ministerio de Turismo, esto sólo por citar algún ejemplo y al mismo tiempo llamar la atención de los expertos en el área turística, que saben que el encarecimiento del destino turístico es suicida, por lo que deberían existir controles en acuerdo con los tour-operadores.  Pero bien, superado ya este obstáculo e inmersos en nuestro hermoso terruño, puedes encontrar un maitre de nacionalidad española que desconoce el mangú; en los buffetes que se ofrecen escasean los platos típicos, regresando en la mayoría de los casos estos turistas a sus hogares desconociendo esa parte más que exquisita y variada de nuestro folclore, como lo es la culinaria.  Que decir de las presentaciones o entretenimientos que cada noche se llevan a cabo en esos maravillosos complejos hoteleros, donde lo autóctono brilla por su ausencia y sin embargo puedes disfrutar de una coreografía de revista de variedad "made in U.S.A.", como podría ser una buena imitación de Michael Jackson.
 
Llama mucho la atención el trato déspota e irrespetuoso que mis conacionales reciben por parte de sus jefes extranjeros; lo que en múltiples ocasiones y en diferentes visitas a la isla ha sido motivo de comentarios e intervenciones por parte de los turistas integrantes de estos grupos organizados.  Da pena y vergüenza también ver nuestras playas sin recibir el debido mantenimiento que le deje lucir sus mejores galas ante sus invitados, lo que me ha permitido escuchar comentarios como: ¿Y estas son las famosas playas del Caribe?
¡Qué sucias!  Y yo me preguntó: ¿Existe algún responsable de mantener limpias y presentables nuestras playas?  Pero aún peor resulta encontrarnos en esas playas, patrimonio de la nación, y ver que no se le permita la entrada a los dominicanos.  La vigencia de esta práctica simplemente me parece una barbaridad.
 
Para tratar de agotar en toda su extensión, variedad y complejidad el tema concerniente a lo organizativo en lo interno, como este punto merece, necesitaríamos realizar múltiples artículos, lo que probablemente haremos.  Pero en esta oportunidad permítanme, distinguidos lectores, llamar su atención a la llamada oferta complementaria, con la arrabalización de las playas, sobretodo de la costa norte, donde hoy por hoy existen todo tipo de tarantines, mal llamados restaurantes, tiendas o rent-a-car en los que se exige a los extranjeros para poder alquilar un vehículo, dejar en depósito su pasaporte que será devuelto al fin del contrato de alquiler.  Pero también pasa que le pueden robar la moto o el carro que alquiló, y lo más probable es que el ladronzuelo sea un amigote del dueño del rent-a car y termina nuestro distinguido visitante pagando varias veces como nueva la vieja moto de alquiler.  Y yo continuo pregutándome: ¿Quienes pondrán coto a esta y otras malas prácticas del arte del negocio? ¿Disponen estos tarantines de licencia? ¿Cumplen las mínimas normas de calidad para no desprestigiar nuestros productos en el futuro? Y en lo referente a los precios: ¿Quién pone los topes?, pues hay precios que compiten descaradamente con los de la Riviera Francesa o el Malibú norteamericano.
 
Dominicanos, necesitamos fiscalizar y organizar nuestro sector turístico que con el tiempo, quien todo lo puede, fiel aliado y peligroso enemigo, lleguemos a perfeccionarnos en esta importante área de producción de divisas, que tanta falta nos hace para nuestro crecimiento.
 
Periódico el Siglo
19 de junio de 1996.
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