Turistas de Estado

Turistas de Estado

Por Victor Garrido Peralta.

 

 

La diplomacia dominicana reclama con urgencia ser reestructurada y dejar de ser botín electoral.

 

Sorprende la indignación teatral con que reaccionamos ante la parcialidad demostrada por múltiples países y organizaciones internacionales contra la República Dominicana.  Invito a valorar el desempeño de nuestro servicio exterior en tres situaciones específicas:  nómina, aspiraciones frustradas al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la pérdida de prestigio internacional de nuestra apreciada nación.  

Siempre con la esperanza de ver las cosas como son y con el vivo ideal de soñar como habrán de ser, iniciaremos este trabajo con el tema nómina, en cuanto a la relación costo-efectividad que su aumento representa.  Desde enero de 2000, cuando ascendía a la suma de 1.148,950.71 millones de dólares, la nómina del área diplomática ha mantenido un comportamiento ascendente, pues en diciembre de 2001 llegó a 1.300,425.21 de dólares, para alcanzar en septiembre de 2005 a 1.986,771.87 dólares.  De Igual forma el área consular pagó, a septiembre  de 2005,  la suma de 952,628.06 dólares por concepto de salarios.

De ahí que con un personal de 53 diplomáticos a septiembre de 2005, destinados a la delegación permanente ante las Naciones Unidas, empleomanía sólo superada por la de los Estados Unidos, resultara sencillo para las 195 representaciones permanentes constatar el caos con que nuestra delegación se maneja ante tan prestigioso organismo mundial. 

Por todo esto y por otras cosas más se prefirió elegir para el puesto no permanente en el Consejo de Seguridad a una nación que aunque ya había ocupado el asiento, es conocida por la efectividad y prestigio de sus representaciones. 

Por otra parte, observemos el resultado de la evaluación realizada por los relatores de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sobre el tema racismo y xenofobia en República Dominicana.  Como de costumbre, tratamos tardíamente de reaccionar con nuestra infuncional diplomacia de crisis, enarbolando teorías desgastadas que ya no surten efecto alguno. 

Desde hace años estamos conscientes de la práctica diplomática cotidiana que para su beneficio, y con todo derecho, viene realizando Haití, el cual dedica menos recursos económicos de su presupuesto al servicio exterior que nosotros. No obstante, Haití ha sido mucho más efectivo, a la luz del positivo resultado alcanzado.

Y es que la diplomacia de crisis ha sido el tradicional accionar de nuestro servicio exterior. Cuando esta surge, o existe la necesidad de alcanzar un logro inmediato, entonces se envían delegaciones especiales y se trata de hacer e improvisar en poco tiempo, lo que debió realizarse cotidianamente por nuestras representaciones permanentes, por nuestros turistas de Estado.

Consecuencia de esto es el terreno perdido, ya que nuestros funcionarios del servicio diplomático y consular no son más que turistas de Estado, costeados con el sudor de todos los dominicanos con sus impuestos: hacen turismo, estudian –en la mayoría de los casos con una beca de otra institución estatal— o simplemente disfrutan de la vida sin trabajar ni en nuestra nación ni en el país receptor. 

Como ejemplos vamos a citar a dos continentes y, en ellos, los casos de nuestra numerosa delegación ante la ONU, en América del Norte, y nuestras  tres embajadas en Roma. Los países desarrollados utilizan la concurrencia en este y otros destinos; de los 14 funcionarios de la embajada adscristos ante el Estado italiano sólo asisten 4. En la embajada de España, con 19 funcionarios con similar desempeño, se reproduce la misma situación.  En fin, en todas y cada una de nuestras embajadas se da esta deshonesta práctica, y sin embargo contínuamos ampliando más la inoperancia y el mal hacer de nuestros turistas de Estado. 

Es tiempo de reestructurar la secretaría de Relaciones Exteriores, de organizar lo que tenemos, de eliminar las tarjetas de pago de los turistas de Estado, abandonando el pernicioso uso de dar cargos como prebendas políticas.  Ha llegado el momento de designar diplomáticos que dispongan de la capacidad, ilusión, voluntad y compromiso necesario con nuestra Patria, para lograr resultados programáticos.  Es esta la hora de formar debidamente a nuestros funcionarios de carrera antes de asignarlos al exterior, que dichos funcionarios sean especializados en temas específicos.  Es este el momento de abandonar la improvisación y desapego a los intereses nacionales.   

En definitiva, propugnamos por las embajadas concurrentes, en las que se desarrolle la diplomacia de Estado, no de gobierno.  Abogamos por la concentración de esfuerzos, estructurales, técnicos, financieros y humanos para proyectar la imagen que merecemos, por la que todos los ciudadanos (as) de esta noble tierra pagamos.  Que sean nuestras representaciones un motivo de sentimiento patrio, cuando nos encontremos residiendo o visitando el exterior.   

Es con este, entre otros mecanismos a utilizar, como alcanzaremos el orgullo de nacionalidad perdido.  Reclamamos respetar el honor que se ostenta al ser representantes de nuestro pueblo, para que con ello el servicio exterior sea vivo ejemplo de la dignidad nacional anhelada.  

¡Aprendamos de Duarte dominicanos ! Empuñemos ese ideal generaciones por venir e imitemos su ejemplo,  seamos como Duarte!  Sin prisas pero sin pausas…Llegaremos.

 

Períodico Listín Diario
6 de diciembre del 2007.

 

 

 

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