Los transplantes: Educación Sanitaria

Los transplantes: Educación Sanitaria

Por Víctor Garrido Peralta.

 

 

En el pasado reciente, tuve el privilegio de efectuar un transplante de hígado a un paciente de origen dominicano en los Estados Unidos de América.  Permítanme el comunicar estas reflexiones, a la luz del resultado de esta cirugía mayor, así como la necesidad de proseguir instruyendo a la población en el tema salud; y en este caso especifico en lo concerniente a uno de los más innovadores y audaces procedimientos quirúrgicos de la actualidad, el transplante de hígado.  Ramón, nombre propio de nuestro paciente, quien padecía del síndrome de Budd Chiari, con su distintiva manifestación de dolor abdominal, ascitis, hepatomegalia, liquido pericardico y pleural, edema de las extremidades, una analítica de base con incremento en las pruebas de función hepática y coagulopatia; era un ex-estudiante de medicina que como tantos otros se vio precisado a renunciar a su sueño de convertirse en Doctor en Medicina, debido a la persistente carencia de recursos en que subsisten la gran colectividad de los dominicanos.

 

Con solo 40 años de edad y de origen cocolo, fue remitido a nosotros en un estado clínico clasificado de alto riesgo, esto debido a lo tardío de su presentación a un servicio quirúrgico especializado en enfermedades del hígado.  Accédanme el enfatizar, la significativa trascendencia que el agenciar ayuda especializada en los primeros estadios de cualquier enfermedad, representa para la consecución de insuperables resultados.  Las dudas por parte del enfermo deben ser múltiples, recordando siempre que la pregunta más absurda es la que no se enuncia.

 

Nuestra particularidad como pueblo, logro establecerle a mi preciado Ramón la percepción de ser un enfermo problemático desde el primer día de su llegada a nuestro servicio.  Su proceder de tipo “medalaganario” indujo a más de uno de mis asociados a cuestionar la salud mental de este, y por ende su capacidad de entendimiento y razonamiento para desarrollar el tan trascendental rol que le corresponde interpretar a cada paciente transplantado, después de ser favorecido con una segunda oportunidad para vivir con buena calidad de vida.  Certeras cruzadas fueron necesarias para alcanzar su inclusión en el listado de recipientes para transplante de hígado y un gran esfuerzo para disponer de recursos financieros.  Un hígado histocompatible con Ramón fue donado.  Catorce horas de intervención quirúrgica sin mayores dificultades son dedicadas para su colocación.  Siendo dado de alta al décimo día después de la cirugía.

 

El impedimento idiomático sumado con su manera de conducirse, suscito en mis colegas norteamericanos cierta decepción en el manejo multidisciplinario posquirúrgico que esta cirugía exige.  En innumeras ocasiones falto a la consulta sin anticipada anulación de la cita; desaparecía de la sala de toma de muestras sanguíneas cuando lo estimaba oportuno, para luego manifestar: “No Dr. Garrido, es que estos gringos me van a desangrar”.

 

Su situación clínica se deteriora durante el año y medio de supervivencia después del  transplante, como secuela de haber incurrido en el más enorme de los desatinos que un enfermo transplantado puede consumar, privarse de tomar la tan importante medicación inmunosupresora, aquella que permite que el cuerpo humano acepte un órgano de otro semejante como propio, lo cual justificaba con excusas inadmisibles.  El resultado no se hizo esperar, múltiples rechazos agudos hubieron de ser manejados con una masiva y más agresiva inmunosupresion, lo que no evito el llegar al rechazo crónico y su posterior fallecimiento.

 

En resumen, el motivo de la corta supervivencia de nuestro enfermo fue cardinalmente cultural.  Nos corresponde el alcanzar que la ciudadanía conciba la importancia, que tiene el disponer de un conocimiento cabal de la obligación compartida entre el medico y su paciente.  Los descuidos de Ramón lo arrastraron a la muerte.

 

Prevengamos para que no sucedan más casos como este, prosiguiendo con el desarrollo de la trasplantación en la patria, trabajemos unidos, corrigiendo diferencias en el ámbito institucional, Consejo Nacional de Transplantes, entre colegas con un solo objetivo.  Servir mejor a nuestros enfermos.  Arranquemos con un plan educativo ineludible para la obtención de más y mejores resultados.  Promovamos las esencias del transplante por radio, televisión y prensa, realicemos charlas, talleres, entreguemos material bibliográfico.  Actualicemos las sociedades especializadas, residencias medicas, y estudiantes de medicina, en el transplante, visitemos las universidades, escuelas y colegios.  Trabajemos codo con codo para que en cada rincón de la Republica, se reconozca la muerte cerebral, como muerte biológica, y de esta forma evolucionemos hacia la realización de los transplantes con donación cadavérica tanto renales como de hígado y páncreas.  Hagamos para que por ley se incluya en nuestra cedula de identidad, la decisión en vida tomada de ser donante en caso de muerte cerebral.  Esforcémonos, con el fin de que las instituciones hospitalarias publicas y privadas dispongan de los medios imprescindibles para mantener un potencial donante en condiciones óptimas hasta el momento de le extracción.  Actuemos, en la intención de obtener los equipos necesarios para la practica de otros transplantes de órganos abdominales.  Abrumemos a las casas farmacológicas para que transporten a la nación las medicaciones de actualidad en el tratamiento de los transplantados.  Materialicemos, la realización de todas las pruebas biológicas; tanto las inmunológicas, como las utilizadas para determinar los niveles sanguíneos de los fármacos, igualmente para la detección de los múltiples tipos de infecciones a que son especialmente susceptibles estos pacientes. Como conclusión solo me resta resaltar el que debemos trabajar colegas, esta todo por hacer.  Sin prisas pero sin pausas….Llegaremos.

 

Períodico Listín Diario.
2002.
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