Cuaresma electoral

Cuaresma electoral

Por Víctor Garrido Peralta.

Hubo de pasar este sufrido pueblo caribeño por nuestra "dominicana cuaresma electoral", con sus consabidas oraciones y penitencias hasta que finalmente, después de cuarenta días con sus noches, la Junta Central Electoral (JCE) logró hacer oficial el resultado de las pasadas elecciones municipales y congresuales. Con los sólidos cimientos de innumeradas decepciones electorales fraguadas en nuestra historia reciente, es de permanente prioridad nacional el simplificar, normalizar, tecnificar y lograr la confianza de los habitantes de nuestra preciada nación en la institución responsable de ejecutar lo referente a la real expresión democrática de nuestra población, la JCE, para que las mismas no sean repetidas.

Los cuatro acostumbrados reclamos de toda una vida: fraude, compra de votos, gastos monumentales, y el uso de los recursos estatales; continúan formando parte esencial de ese gran carnaval que ha constituido nuestro tradicional certamen electoral. Las mismas reservas que determinada estructura político-partidista en pasadas elecciones denunciaba cuando estaba en la oposición, hoy constituyen parte fundamental del pliego de quejas de la organización que se desempeña como ente aglutinador de los ciudadanos contrarios al partido de turno en el poder.

De ahí que nos quede meditar la causa por la cual este estado anárquico electoral persiste, siendo lo más lógico concluir que conviene mantenerlo. Razón por lo que ninguna de las tres mayoritarias agrupaciones que se han

alternado en el poder político han puesto coto a la incertidumbre en que degenera ese estado de cosas.

Hoy, cuando un partido determinado ha logrado una abrumadora mayoría congresual, en adición al ejercicio del poder ejecutivo, se hace de auto respeto el que sean desde ya aglutinadas las voluntades, y asumidos los compromisos que de ellas emanen, con acciones políticas coherentes, que resulten de alta satisfacción y orgullo por y para todos, desde la próxima asunción a cargos electivos hasta la eternidad de los tiempos. La imposición de elecciones cada dos años y el cada vez más complicado sistema para elegir a nuestros representantes aumentan la falta de concentración en los reales problemas que vivimos, e incrementan los gastos de campaña, manteniendo al pueblo sumido en una actividad proselitista eterna. Como consecuencia, el gobierno y las instituciones descentralizadas ostentan millonarias campañas publicitarias que consumen un caudal de recursos dignos de mejor destino. Y yo me pregunto si la rendición de cuentas el 16 de agosto de cada año, con retransmisiones gratuitas, dejó de ser el foro constitucional para tales fines. Sin embargo, se nos dice que no hay recursos suficientes para cumplir con lo establecido en la Ley General de Educación, ni para el inherente derecho a un servicio de salud eficaz, al igual que para la imperiosa necesidad de una seguridad ciudadana acorde con los tiempos.

Es por lo tanto una constante prioridad nacional al inaugurar un nuevo tribunal electoral, el que: 

Primero, logremos elevar los requerimientos para el otorgamiento del reconocimiento de la JCE a partidos políticos. Acción que permitirá, entre otras cosas, una mayor concentración de recursos humanos, estructurales y técnicos. Segundo, la reducción del tiempo asignado a la campaña electoral habrá de constituir parte de lo que tendrán que ser las lógicas modificaciones al sistema electoral vigente. Tercero, establecer y fiscalizar la cantidad de recursos a gastar por las diferentes candidaturas; penalizando hasta con la anulación de determinada victoria si se comprueba que se excedió en recursos financieros de campaña, como actualmente se hace en los países del primer mundo, por ejemplo Francia. Cuarto, delimitar los montos permitidos, para recibir donaciones de empresas y personas particulares a las agrupaciones partidistas y/o sus candidatos, norma vigente actualmente en el sistema de partidos de los Estados Unidos.

Asimismo, las organizaciones políticas en su conjunto, con la vocación de servicio que les motiva deben, con norte claro en el porvenir e interés nacional, iniciar los debates y consultas en la búsqueda de las soluciones que indefectiblemente terminen convertidas en ley de nuestra tierra.

De tal modo, pienso que toda la República ha de embarcarse en esta labor por el logro de la excelencia de nuestro sistema electoral como fuente fundamental para el fortalecimiento institucional de la nación y de su democracia. Desde esta sólida base habremos de trabajar hasta obtener el tan anhelado desarrollo con la paz y seguridad que merecemos.

 

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